31 may 2011

La noche de las malas ideas

Del diario de Casandra Rattengift; extracto número 9

“Ojalá hubiera personas malvadas en alguna parte cometiendo insidiosas acciones malvadas y solo fuera necesario separarlas del resto de nosotros y destruirlas. Pero la línea que divide el bien del mal atraviesa el corazón de cada ser humano. ¿Y quién está dispuesto a destruir un trozo de su propio corazón?”

En este mundo no hay nada más peligroso que un libro. En algún lugar de la Tierra un hombre se sienta a escribir un libro sobre política y, más tarde, miles de personas mueren sólo porque alguien no entendió el chiste.

Y cuando hablo de libro, no hablo de formato físico con tapas y hojas y tinta y esquinas arrugadas. No es eso. Al hablar de libro, me refiero a contenedor, no de tinta, sino de palabras. De pensamientos, de sueños… De ideas, al fin y al cabo.

Ésa es la esencia de esta noche.

Ayer un loco soñó con una cerilla. Hoy hemos ardido todos.

En este mundo no hay nada más peligroso que las ideas…

Ha sido una noche demasiado larga. Demasiado convulsa. Ahora miro al resto de mis compañeros. Más o menos cercanos. Más o menos conocidos. Qué patéticos podemos llegar a resultar los “orgullosos” hijos de Caín. Todos atrincherados en el Elíseo, esperando a la calma. Heridos, o muy heridos. Para ser sincera no me duele la cara. Eso es lo de menos.

La Príncipe está haciendo recuento de bajas… He sobrevivido, pero no hay nada que celebrar hoy. El clan Malkavian prácticamente erradicado. Mi propio clan, mermado, diezmado y arrasado al setenta y cinco por ciento. Éramos cuarenta sin contar a Elizabeth… Sólo diez somos ahora sin contar a Elizabeth. El primógeno Ventrue ha caído. El cantante de los Chaos Punx también, además de otro par de Brujah. Sin hablar de los Ghouls, claro. Sólo quedan tres; Amanda, Martos y Rob… Y el último ha llegado aquí de rebote.

Y Marc… Desde mi mediana estatura lo veo. Inconsciente, partido por la mitad, destrozado. Todo por darme tiempo para salvarme, para sacar a la niña. Me tiemblan las piernas cada vez que lo miro. No me he despegado de su lado. No quiero hacerlo.

Se veía venir que las cosas iban a salir mal. Desde que desperté al comienzo de la noche.

Me levantó Amanda, comentándome cosas a las que no presté demasiada atención. Me duché y me puse a trabajar. Emily estaba viendo una película con Marc. Estaba todo bien. Quizás demasiado bien. Haz algo a prueba de tontos y alguien encontrará a un tonto mejor. Nada marcha tan bien durante demasiado tiempo.

Lo supe cuando Marc me llamó desde el salón y me hizo ver la cámara de la entrada. Era un ser repulsivo. Una especie de demonio en pantalla. Tenía cuernos retorcidos y una cara horriblemente familiar, no sé por qué. Al momento pegaron a la puerta y temí lo peor.

Fue una sorpresa ver a Ícaro. Aunque no se presentó como tal. Se presentó con un estúpido anagrama de su propio nombre. Juegos de palabras fútiles y simples…

Parecía distraído… Más de la cuenta, quiero decir. Hablaba con petulancia y altanería. Y en cuanto su boca escupió la palabra “revolución” supe que nada iba a salir bien.

Contaba cosas dispares. Entre la amalgama de “sé mi reina en el Sabbat” o “Serías mi princesa magnífica”, soltaba arengas sobre dejar de ser marionetas y herramientas. Rebuznos absurdos de un loco… Un loco homenajeando a su propia locura.

La cara se le volvió agresiva. Avisé a Marc por detrás de mi espalda.

Conseguí un minuto para pensar a cambio de dejarlo pasar a casa. En un minuto Marc se decidió a coger mi pistola y darme tiempo para huir con la niña. Si respirase se me habría cortado el aire. Cogí a Emily entre mis brazos y el caos comenzó a devorarnos.

Todo fue rápido y eterno a la vez. Las imágenes se agolpan en mi cabeza como diapositivas mal pasadas. Marc le dispara a Ícaro. El demonio destroza mi puerta. Intento huir. El demonio levanta la mano… Y entonces silencio. Un dolor seco y puntiagudo cruzando mi cara. Dos autopistas de sangre abiertas desde mi frente a mi cuello. Sesgando mi mejilla. Pero no había tiempo para el dolor. El perro de Emily, Finn, se lanzó al ataque, mordió al horrendo ser y permaneció firme. Abrí de nuevo los ojos y miré al demonio devolviéndole todo el terror que podía causar él en mí. Aprovechando su breve tambaleo mental salí corriendo escaleras abajo con la niña en brazos. No dejaba de gritar y llorar. Se me abrazaba con fuerzas. Llegué corriendo al coche. El pequeño Finn cayó delante de mí desde la ventana. Solté a la niña en el coche. Intenté salvarlo. Juro que lo intenté… Pero no tengo una sangre tan fuerte, ni la caída había sido pequeña. Lo metí con cuidado en el coche y enfilé la carretera.

En el coche hablé con Armando. Tenía que venir aquí, al Elíseo. Pero antes había que asegurarse de que la niña no veía nada. Una droga era lo mejor. Frené en seco en la primera farmacia que vi y entré a por tranquilizantes. La dependienta me miraba aterrada las heridas de la cara, aconsejaba echarme puntos. Mi disculpa fue un golpe con la puerta… Es una excusa típica. Seguramente esa mujer sólo remarque de esta noche que hay otra mujer maltratada por su marido en la ciudad. Nada extraordinario.

Le di un par de tranquilizantes a la niña y conduje hasta aquí. Llamando a Amanda por el camino. Exigiéndole con la voz cargada de autoridad que viniera enseguida…

Y aquí estamos. La niña dormida. Marc destrozado. Amanda y yo… Y el resto de la ciudad. O más bien: Los restos de la ciudad. Haciendo recuento de bajas. Moviendo hilos, cielo y tierra para conseguir sangre.

La príncipe nos llama a su presencia. A los del Nifelheim. Los niñatos de siempre, supongo.

Me sorprende apreciar un tono de incomodidad en ella.

Nos pide disculpas por no avisarnos del alter ego de Ícaro. Nos concede el pleno derecho como vástagos por nuestras hazañas de hoy…

Mis compañeros han destruido una amenaza terrible para la ciudad. Yo he salido corriendo.

No encuentro ningún tipo de nobleza en mis actos. Hablaré con Elizabeth cuando todo se haya calmado.

Me vuelvo al lado de Marc. No hay nada que celebrar hoy.

Casandra Rattengift

4 comentarios:

  1. como te lo curras tia, me has emocionado y todo, pero despues de orwells, es dificil emocionarse ocn una buena literatura, sorry

    pero no te lo tomes a mal eh! xDDD

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  2. Que yo me entere; comentas para felicitarme a mí o para felicitar a Orwells??

    Homer: Y si era tan listo como es que está muerto??

    :P:P

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  3. duda comprensible

    a ambos

    acabo de encontrar la peli de 1984, y tengo mieeedo

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  4. Solo puedo decir que genial cronica de la partida pasada

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